Que era curioso que nos tuvieran que apagar la luz para dar valor al sol y para que aprendamos a movernos en la oscuridad.
Y que a veces necesitábamos estar un poco desenfocados, para que nos encontráramos con lo que en realidad nos vale, para seguir moviendo la rueda de la vida.
Iremos aprendiendo, me decía. O tal vez no.
Y la realidad es que cinco años después de esas palabras ha quedado claro que no hemos querido aprender nada. Cambiar sí, hemos cambiado, pero no a mejor como nos decíamos.