Esta es una de ellas. Esta vacía la leyenda, incluso el lugar para grabar un escudo de armas. Ha quedado un águila como vacía, sin motivo humano para servir.
Nunca ya sabremos que deseaba decirnos quien la mandó esculpir, qué mensaje deseaba trasmitir, quien era quien pagó la escultura.
Por eso el águila nunca voló de su fachada barcelonesa, pues a nadie pertenecía y no sabía a donde irse a descansar.