Cualquier elemento visual puede ser una parte de un recuerdo, y para ello la fotografía ejerce el trabajo de notario, de testigo guardado en un cajón para demostrar desde el recuerdo que aquel momento existió y nos produjo lo que nos vuelve a producir su recuerdo.
Usar la fotografía como testigo es un ejercicio que hacemos in querer. Cada uno de nosotros guardamos como testigos de los momentos vividos, aquello que nos guata recordar. Y ese papel de notario que tiene la fotografía de cualquier tipo, es insustituible.
