A poco que seamos capaces de cazar un instante hermoso, una visita turística, una mirada o una escena de un lugar determinado, seremos capaces luego de volver a disfrutar de esos momentos.
Incluso de que nos venga a la mente ya no solo los instantes que vemos en la imagen fotográfica, sino aquello que le acompañaba y que a veces están escondidos o perdidos.
Recuerdo que al salir de este iglesia en Barcelona, compré unas butifarras o salchichas gordas, rellenas de setas y trufa. Pero me ha venido al recuerdo al contemplar este momento.
Iba con mi esposa, era de tarde noche, hacía un buen día, y tras este momento nos fuimos a callejear y a tomar unas cervezas.
Viendo esta fotografía vuelvo a recordar unos tiempos, una tarde positiva. Me vuelvo a poner contento, positivo, y a olvidar esas tontadas de todos los días que nos martillean.
El valor de la fotografía va mucho más lejos que el de retener en el instante, esas cosas bellas que encontramos. Sirven como cajón de recuerdos.
