Escaleras oxidadas en agua de mar aunque no sean metálicas, cruzadas o interrumpidas, desgastadas de subir hacia nunca no se sabe donde, de bajar siempre a los mismos sitios.
Escaleras de piedra que aguantan los golpes de las tempestades ganando color verdoso del agua del puerto.
Normalmente sirven para bajar a los barcos, pero tras la labor en el mar, ayudan a reencontrarse con la vida calmada del hogar, de la comodidad hogareña.
Son los primeros pasos en tierra de los pescadores que vuelven.