Impedir con alambres que pinchan y dan dolor, para que personas estén separadas de otras personas, es de idiotas.
Se puede lograr durante un tiempo, de forma momentánea y muy temporal. Pero las ideas siempre vencen contra las idioteces de idiotas.
Y a veces cuando los idiotas pierden, los que vencen que parece buenos, se vuelven más idiotas que nadie.
Cuidado con jugar a prohibir con alambres, pues estos nunca se oxidan a la velocidad con la que se oxidan las ideas y las sensaciones de la violencia.
Nunca sabes quien utilizará al final las alambradas, ni quien será el último en llorar.